¿Es posible un parto natural tras una cesarea?

13 enero, 2018 0 Comments

Hoy os quiero contar la historia de mi segundo parto, porque sé que como yo, ahi fuera hay otras mamás preocupadas por pensar que si ya han tenido una cesarea, les será muy complicado tener un segundo parto, natural. Al menos es lo que pensaba y mucha gente me decía.  Incluso un profesional me llegó a desaconsejar el parto natural si no arrancaba por si sólo y me tenian que poner oxitocina, por llegar a ser muy peligroso (rotura de útero, etc…) Mi ginecóloga desmintió esa información.  ¿Es posible un parto natural tras una cesarea? La respuesta es sí. Si ha pasado tiempo desde el último parto, el cuerpo se ha recuperado, incluso aplicando oxitocina, se puede conseguir un parto natural.  Y así fué en mi caso.  Dejé de escuchar comentarios sin fundamento y decidí confiar en mi ginecóloga.

Otra cosa que me ayudó muchísimo, en este embarazo y más aún en el parto, así como afrontar un post-parto de manera más relajada y confiada, fué la meditación. Gran tópico ya, al parecer, pero cuando algo funciona, empiezas a entender por qué mucha gente se sube al barco. Entré en este mundillo del “estar presente” de la mano de HEADSPACE. Una app que os recomiendo encarecidamente. Sobretodo si estás embarazada!!

 

Y así fué:

4:00 de la mañana… Me despierta la primera contracción. Cierro los ojos, me duermo… No espera, no me duermo, viene la segunda… o es la tercera o cuarta…?

4:20 Me levanto a prepararme un vaso de leche. Me puede la emoción. Parezco una niña el día de Navidad! De repente, empiezo a sentirme feliz, increíblemente feliz, como flotando en una taza de chocolate templadita, rodeada de nubes de azúcar… ¿¿En serio que esto iba para adelante?? Quería despertar a Sergio para que me diera una buena torta y me despertara de ese sueño, que hablando de sueño se que tengo que dormir pero me puede la emoción… Va a ser verdad que esto empieza así “de repente”…

Anoche, mientras cenábamos y sentía las contracciones típicas (a lo mejor un poco más intensas) de semanas anteriores, algo notaba diferente en mi cabezota. De repente me sentía muy pero que muy feliz, con mucha fuerza, mega agradecida. Los miedos se me fueron, y por primera vez pude imaginar y visualizar a mi niña por nacer… ella, ella con la hermana, la hermana con ella y con nosotros. Fue muy raro. Fue precioso. Me entraron ganas de llorar. Y por supuesto, yo llorona, lloré.

Me fuí a la cama y puedo decir que eso fue todo, en términos de contracciones. Desperté a las ocho para darle un beso a Olivia y desearle un buen día de cole y tras el desayuno no volví a sentir ninguna contracción más hasta la noche. Volvieron a visitarme pero esta vez suaves, desperdigadas. A veces más intensas pero me dejaban dormir, así que, nos fuimos a dormir, habiendo dejado a Olivia en casa de los abuelos, preparados para visitar el hospital por la mañana para dirigirnos de cabeza a la inducción.

Llegó la mañana. Ni desayuno ni nada. Un plátano a medias. No me cabía nada más. Cogimos la maleta rumbo al hospital. Allí nos marearon un poco hasta atendernos. Mi ginecóloga apareció y tras mirarme nos dijo que estaba de 3 cm y que tenía todo muy buena pinta. Me rompió la bolsa lo más delicadamente posible y como a pesar de eso en mi no empezaban a notarse “ni mijita” o “nada de nada“, que es lo mismo; al paritorio que nos fuimos.

Y ahí me pusieron oxitocina. Eran para entonces las 11:00. Empecé a sentir contracciones súper rápido. Rápidas, muy molestas y bastante seguidas. Hasta la 13:00-14:00 pude aguantarlas de pie. No paraba de moverme, todo lo que me permitían los cables del monitor y de la medicación. Me estaba poniendo nerviosa estar tan limitada… pero opté por aceptarlo. “Es lo que hay” pensé. “Lo importante es que me concentre. No quiero cesárea otra vez…” A las dos y poco ya las contracciones me estaban dejando bastante k.o. Me ofrecieron tumbarme en la camilla y me supo a gloria. En ese momento la ginecóloga me exploró, estaba de 6 cm!! Y me dijo con una voz súper traquilizadora: lo estás consiguiendo!! 6 cm ya. Esto va para adelante, ya verás. Lo estás haciendo muy bien, sigue así. A mi se me saltaron las lágrimas y se me cortó el aliento. Me costó respirar de la emoción!! No me lo podía creer!! Iba a vivir un parto natural. Un sueño!! Me recordó que podía hacer uso de la epidural cuando quisiera, que no la viera como enemiga, pero con Olivia me había frenado el proceso de dilatación y sabía que si eso pasaba ahora, me mandarían a quirófano. Así que saque energías de no sé dónde, y segui aguantando…

Sergio se fué a comer. Engulló un bocata y volvió volando. Yo concentrada ya en cada contracción, las sentía cada vez más fuertes. Dolian lo que no está escrito pero algo me ayudaba a sentirlas de otra manera. La mente es, si te concentras, ¡¡capaz de maravillas!!  Estaba tan feliz. Eso sí, al llegar a los 8-9 cm empecé a flipar (flipar en colorines!!) de la presión que sentia. De repente sólo quería empujar. No podía controlar ya las contracciones y no podía dejar de gritar: “dueleee, ¡¡¡¡¡quiero empujar!!!!!” he de decir, que en modo loca. (xDD)  De repente vino un matrón “frío donde los haya” me exploró más brusco que un burro, y soltó un agradable – “que vaaaa, esto está muy alto aún, tranquilizate un poco, ¿vale?”“¿¿¿Cómo???, ¿¿¿Que me qué??? Me da igual, ¡¡¡¡¡¡quiero empujaaaaaar!!!!!!!, ¡¡¡¡usted no entiende nadaaaaaa!!!!, gritaba mientras empujaba con todas mis fuerzas. No lo podía evitar. (NOTA: Luego el matrón y yo hicimos las paces, pero chiquillo: que cosa más insensible!! xD)

De repente me di cuenta de que faltaba nada para el expulsivo y yo sin epidural… – Aaaaaay dios!!!!, Qué he hecho???? Anestesistaaaaaaa, dónde estás?!!!!. Tardaron un rato en llamarlo. A lo mejor solo fueron 20 minutos pero cómo sufrí esos 20 minutos, qué dolor. El caso es que no sé cómo explicar el dolor que sentí. Jamás había sentido nada igual. De repente veo llegar al anestesista junto con mi ginecóloga. Ella me exploró y efectivamente, allí estaba asomando la coronilla Elia.

El anestesista me pareció un ser llegado de otro planeta, con angelitos vestidos de rosa, flotando a su alrededor. Me puso la epidural, como un sueño; podía sentir las piernas, podía sentir dolor, contracciones, pero más suaves. Justo como quería… Ese hombre fue mi salvación!!!

Y llegó el esperado expulsivo. Llamadme loca, pero es una experiencia vital que quería vivir… y madre si la viví…

Pero dejé libre la mente, perversa y descontrolada… y me bloqueé. La muy frenética, no hacía más que recordarme que “menos mal que Olivia no había nacido natural con sus 5 kilos” y que Elia con posiblemente sus 4 kg no iba a ser nada fácil. Me entró miedo y solo quería que naciera bien y rápido. Que para mí el tardar era sinónimo de que algo iba mal. No tenía ni idea de que un expulsivo podía tardar en efecto, horas…4-5-6 horas… incluso más.  Yo tenía en mente las experiencias de las recientes mamás que me rodeaban, que en los segundos partos, con 4 empujones los bebes habían salido solitos… como en las películas, vamos. Claro, que a quién se le ocurre fiarse de Hollywood…

Fueron más de 4 empujones, de hecho fueron 2 horas, y tropecientos empujones. Que como digo, pocas horas fueron, pero con demasiados pujos. La verdad es que por no haberme puesto antes la epidural, llegué al expulsivo muy cansada, y como todas hacemos, lo dí todo en unos pujos que no estaban siendo muy efectivos. El miedo de que algo fuera mal, me hacía no descansar entre uno y otro. Eso y lo desmotivada que me sentí cuando me enteré de que al empujar, asomaba la coronilla, y al descansar, volvía para adentro…- ¿¿cómor?? Eso no puede ser!!!. La ginecóloga me calmaba, todo era normal, pero una novata en partos como yo, ese hecho no me encajaba. Y así dos horitas, fuera, dentro, fuera, dentro… ¡¡la leche!! Y para cuando la cabeza consiguió salir, ya no me quedaban fuerzas. Sobretodo porque no sabía que lo más delicado era la segunda etapa, “los hombros”, a la que llegué ya sin fuerza alguna. Un pujo para un hombro, otro pujo para otro hombro… (si es que tenía que haberlo sabido antes). Pero finalmente lo conseguí, y de golpe la tenía encima mía, buscando el pecho como loca. Miré a Sergio. No me lo podía creer. Los dos con lágrimas en los ojos; el agotado por tanta tensión;  yo… pues bueno, como si me hubiera zampado 3 triatlones uno detrás de otro (xDD) y supongo que por eso, ese momento tan idealizado, tampoco lo viví como me lo había imaginado. Y para colmo aún faltaban los puntos. Suerte que en hora y media ya estabamos en la habitación, que fué entonces cuando la felicidad asomó la cabeza… Estaba agotada, sí, pero plena y feliz como nunca antes en mi vida. Ya eramos una familia de 4. Y Olivia ya era hermana mayor…

 

Espero que si has tenido cesarea en un parto anterior, no pierdas la ilusión de que ahora puedas tener un parto natural. ¡¡Incluso con oxitocina!! Es una experiencia brutal, además de poder vivir un post-parto sin igual… duró 15 días clavados de dolores y molestias, como me advirtió una amiga –“hasta el día 14 verás las estrellas, pero el día 15 estarás ya bien” y así fue. Con Olivia había tardado en ver la luz más de mes y medio, asi que… jeje, este fué bastante agradable!!

Hasta aquí, os dejo, amiguitos. Gracias por leerme y si lees esto porque estás embarazada, ¡¡te deseo lo mejor!! Ánimo y que vaya todo ¡¡muy bien!!

 

 

Nessi

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